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Vivir no con el pueblo de Dios sino como pueblo de Dios
04 Ottobre 2018

La custodia de Venezuela está próxima a cumplir 40 años de presencia franciscana conventual en estas tierras, actualmente contamos con cinco conventos distribuidos a lo largo del país, cuatro parroquias y la Casa de formación. En el presente Venezuela está atravesando una de las mayores crisis de su historia, económica, social y políticamente; el pueblo vive y junto a él nosotros en gran zozobra e inseguridad por la situación, parece respirarse un aire de resignación frente a la ya patente destrucción del país.

Las escases del alimento más indispensable, la imposibilidad de acceder a los medicamentos de primera necesidad, el elevado índice de mortandad sobre todo infantil debido en gran parte a la desnutrición y sobre todo el inevitable flujo migratorio de cifras exorbitantes, miles y miles de venezolanos dejan escuela, universidad, trabajos, familia, salen del país por medios regulares e irregulares con la esperanza de conseguir una mejora de condiciones y ayudar a los suyos que aún quedan en la patria.

Esto último ha traído como consecuencia el inevitable dolor de la separación, del sufrimiento de ver partir a un ser querido a un destino incierto, el abandono de padres a sus hijos que quedan a cargo de sus abuelos u otros familiares, el abandono de hijos a padres ancianos, la separación de esposos, tanto así que casi se puede decir que no queda en Venezuela familia que uno o varios de sus miembros hayan partido.

La situación en general como pueden leer no es nada fácil (y esto es solo una pálida redacción), y cuando pareciera que no podemos caer más, experimentamos el escalón y bajamos otro peldaño. Sin embargo, como Custodia hemos decidido vivir esto no con el pueblo de Dios sino como pueblo de Dios; nuestros conventos situados en el corazón de todas estas situaciones están descubriendo como ir respondiendo y acompañando.

Después de esta desesperanzadora y poco motivadora introducción quisiera contarles como a pesar de todo esto los cristianos continúan alimentando su fe, profundizándola y manifestándola. En cada una de nuestras presencias la Solemnidad de Nuestro Padre san Francisco es una de las mejor preparadas y celebradas, está de más decir que nuestro santo es uno de los más amados y conocidos por los fieles, todos al menos lo han escuchado nombrar, el que menos lo identifica y el que más se conoce su vida y una que otra de sus palabras.

Frailes y fieles se esmeran cada año por embellecer y festejar con el mejor estilo venezolano los días en preparación y el día central. Hoy en día 2018, a pesar del opaco panorama, los esfuerzos y deseos de festejo no ha sino menores; es cierto que se afrontan más dificultades y contratiempos, pero el amor, las ganas de festejar y de hacer algo que ayude a suavizar la rigidez del día a día son motivos suficientes.

¿Cómo se festeja? ¿Qué se está realizando?, para escribir estas líneas me puse en contacto con los frailes de las comunidades para que contaran un poco como están organizando y viviendo esta festividad de la familia. Las realidades conventuales son variadas, hay en pequeñas ciudades (Convento “San Jose Obrero”- Guanare; Convento “María Auxiliadora”-Barinas), en un barrio de una gran ciudad (Convento “San Francisco Javier”-Caracas), en una zona rural y agrícola (Convento “Santísima Trinidad”-Pueblo Llano), y la Casa de formación “San Jose de Cupertino” también en un pequeño pueblo llamado Palmira.

Las personas que asisten a las diversas presencias perteneces a variadas condiciones sociales, como es Venezuela, el pueblo es fruto de un fuerte mestizaje de razas y culturas.
 Un punto importante este año para la celebración son las llamadas misiones parroquiales donde el fraile acompañado de un grupo de laicos pertenecientes más activamente en la parroquia van de casa en casa por diversos sectores llevando un poco de la Palabra, orando sobre los enfermos o bendiciendo las casas, las misiones se reciben con gran placer en todo lugar, acoger a quien visita, ofrecerles una palabra de bienvenida y si es posible algo de comer o beber son satisfacciones que experimentan quien atiende en casa a los misioneros.

Quienes participan activamente tienen la impresión de sentirse renovados en comunicar la propia fe e intensificar los vínculos de fraternidad parroquial.
 Sumándose a esto de las misiones, otros frailes han planificado encuentros formativos de franciscanismo donde se van profundizando los signos propios del carisma o los santos herederos del itinerario de Francisco.

Se complementa esto con las jornadas de espiritualidad y oración en las que indudablemente el tema central es la situación del país, allí se ora para tener esperanza y fe, se pide la intervención del cielo y tantos otros deseos que hay en el corazón de los venezolanos que se sienten tristes u oprimidos. Todas las comunidades procuran organizar una novena tocando diversos aspectos de la vida del Seráfico Padre.

Una común tradición en la parroquia franciscana y en las no franciscanas es la bendición de las mascotas, el rostro de Francisco como protector o patrón de la ecología es casi que el más reconocido así que se busca una fecha próxima a su fiesta a la que se llevan las mascotas de los hogares (y existen de la mayor variedad) para recibir la bendición del santo que tanto ama la creación, la conserva y la protege. Como prolongación de esto, en las zonas agrícolas se realiza la bendición de los campos de cultivo para pedir una buena cosecha y abundantes frutos que sirvan de alimento, junto a estos se bendice el trabajo de los agricultores que laboran sobre ella.

Una última característica que este año en particular ha adquirido mayor peso se refiere a la acción social o de asistencia o como me decía un fraile “pasar de la lógica del pensamiento a la vulnerabilidad del necesitado”. En el marco de esta fiesta se está buscando potenciar estas iniciativas para colaborar con los menos favorecidos así que en algunos lugares se planifican las ya conocidos en Venezuela como “Ollas comunitarias” que consisten en que cada fiel lleva algo de lo propio y se hace una gran sopa en una zona escogida y allí se reparte a cuantos pidan y quieran; otros organizan una “arepada” (la arepa es una comida típica venezolana hecha de masa de maíz a manera de tortilla) que se reparte también en un lugar determinado (puede ser un hospital) a cuantos quieran, gratuitamente y con un mensaje de caridad. Este ejercicio de misericordia ha adquirido mayor importancia como manifestación de la fe, son gestos muy pequeños pero que tienen sabor del Reino.

Pues bien, con estas actividades y otras se lleva adelante la celebración, nuestra vocación como Custodia en estos momentos se va fundamentando sobre el acompañamiento, el estar allí, el vivir el día a día y buscar de iluminarlo. No podemos llevar actualmente grandes proyectos o planificaciones, solo estar presente y que sientan nuestra cercanía, afianzar los lazos de amistad, de perdón, de reconciliación en una sociedad que experimenta cada vez más la división por diversidad de pensamiento, los deseos de venganza y un creciente rencor en el corazón que aleja cualquier posibilidad de la armonía interior que solo trae la verdadera paz: “Son verdaderamente pacíficos aquellos que, en medio de todas las cosas que padecen en este mundo, conservan la paz en su alma y en su cuerpo, por el amor de nuestro Señor Jesucristo” (Adm 15).


Fray José Suárez
OFM. Conv
Custodia provincial Nuestra Señora de Coromoto 


fonte: Seraphicum Press Office